El COVID-19 también nos cambió para bien la salud

No solo se ha recuperado la relevancia de la salud pública como disciplina, sino que los ciudadanos son parte más activa de la misma.

Volver a poner en práctica actividades esenciales como el lavado de manos, implementar la telemedicina y demostrar la importancia de la salud pública son algunos de los puntos positivos que nos ha dejado esta pandemia.

La pandemia nos ha enfrentado a múltiples desafíos no solo directamente en términos de salud, sino también en sus impactos en otras áreas de la vida, incluyendo la economía y la vida social y familiar. Sin embargo, su poder disruptivo ha llevado a cambios positivos, quizá reflejo de la resiliencia y la capacidad de adaptación que ha mantenido a nuestra especie en este planeta por más de 10 mil años.

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En particular en el sector salud había temas pendientes que todos sabíamos que eran urgentes, pero que iban al ritmo de la inercia institucional y que competían con muchas otras prioridades. La pandemia hizo estos temas más urgentes y nos obligó a pensar fuera de la caja.

Higiene respiratoria y lavado de manos

La higiene respiratoria y el lavado de manos están entre las actividades más costo-efectivas en salud pública para reducir no solo infecciones respiratorias, sino también enfermedades intestinales, las cuales todavía se encuentran entre las primeras causas de muerte en niños entre 1 mes y 5 años en el mundo. Los esfuerzos para modificar estos comportamientos han llevado a altos niveles de inversión en estrategias de cambio comportamental. Sin embargo, la pandemia ha modificado estos comportamientos, llevando a las personas a lavar sus manos más veces y más efectivamente que antes de la pandemia.

Los cambios en la higiene respiratoria van más allá de la higiene de manos. Si bien la distancia física que la pandemia nos ha obligado a observar ha ido perdiendo adherencia a medida que las personas experimentan fatiga, el distanciamiento físico y el aislamiento de quienes se encuentran con síntomas se ha mantenido y ha llevado a cambios positivos, por ejemplo, en términos de adherencia al teletrabajo y, en general, a una conciencia mayor de que el distanciamiento físico nos protege a nosotros, pero también protege a otros.

Telemedicina

En Colombia y muchos otros países la telemedicina ha sido una promesa que se ha demorado en ser implementada. Aspectos técnicos relacionados con la seguridad de la información o la conectividad, y legales como los alcances en una consulta de telemedicina, donde no se puede realizar un examen físico, han sido cuellos de botella que han dificultado su implementación. Pero la pandemia nos obligó a “pensar fuera de la caja” y llevó a la implementación de estrategias de telemedicina que no hubiesen ocurrido fuera de ese contexto. Durante la pandemia, la telemedicina ha sido fundamental porque ha mantenido, en algún grado, la continuación del manejo en salud de personas con condiciones crónicas que requieren monitoreo.

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La implementación de un buen sistema de telemedicina era una prioridad en salud antes de la pandemia. Aspectos como la distribución geográfica del personal de salud, de la tecnología diagnóstica o de las curvas de aprendizaje hacían de la telemedicina un objetivo inevitable para mejorar la cobertura del cuidado en salud. Sin embargo, este proceso fue indudablemente acelerado gracias a la pandemia.

El valor de la salud pública

Hasta hace poco el trabajo de los salubristas y en particular el de los epidemiólogos era poco entendido por el público. El trabajo en salud pública es en general poco visible y se caracteriza porque cuando está bien hecho, nadie lo advierte: no hay brotes de enfermedades infecciosas, no hay incrementos en la demanda por servicios de salud, no hay escasez de medicamentos y dispositivos y no hay mortalidad evitable. Esta baja visibilidad ha llevado a que históricamente los programas y las entidades que trabajan en salud pública hayan sido vistos con poco interés por los tomadores de decisiones. En general, el público favorece mucho más la construcción de un hospital de último nivel que una campaña masiva de vacunación que evitará que en el futuro estas personas necesiten utilizar dicho hospital.

La salud pública, crónicamente desfinanciada y donde el fortalecimiento de las capacidades tecnológicas y de recursos humanos no han sido una prioridad, particularmente en las regiones más apartadas, resultó siendo la piedra angular del manejo de la pandemia. A raíz de la misma, los tomadores de decisiones y el público en general empezaron a apreciar el rol de los salubristas, especialmente de los epidemiólogos. Asimismo, como hay una comprensión mayor del rol de la salud pública en prevenir enfermedades, el público se familiarizó con el discurso de los salubristas, las curvas y los datos. La importancia de la evidencia y los datos como instrumento de toma de decisiones en salud repentinamente se volvieron de dominio público. Surgieron miembros de otras disciplinas a enriquecer el debate, a contradecir a los salubristas (frecuentemente con razón) y a hacernos ver por fuera de nuestra caja de herramientas. Esta pandemia ha obligado a hacer de la salud pública realmente multidisciplinar, un atributo que a pesar de que es frecuentemente citado por los salubristas, es poco ejercido en la práctica. Esta pandemia  obligó a los salubristas a “reinventarsen” y a trabajar más cerca de otras disciplinas, pero también hizo más visible el trabajo, y ahora es innegable que la inversión en salud pública es una prioridad. De alguna manera, no solo se ha recuperado la relevancia de la salud pública como disciplina, sino que los ciudadanos son parte más activa de la misma.

La pandemia ha traído otros aspectos positivos en salud como la mayor conciencia sobre la relevancia de la salud mental y el valor del personal de salud de primera línea se encuentran entre ellas.

Este especial, creo, más que un llamado a ver “lo positivo de la pandemia”, debe hacernos conscientes de nuestra resiliencia como especie y obligarnos a reflexionar cómo podemos capitalizar en estos aprendizajes para informar el futuro y minimizar los riesgos futuros que enfrentamos.

*MD, PhD. Investigador de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins.

Foto: El Español

 

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