EL Hijo sabio y el necio

¿Cuál eres tú?

Edward Diaz

Cuando el abuelo Pedro era joven soñaba con una gran familia, una como la suya, el era el mayor de 16 hermanos. Lamentable amada Raquel tenía problemas de fertilidad y solo pudo darle dos hijos, Esteban y Fabían. Criados con los mismos principios y valores cristianos.  Esteban fue más aplomado, obediente, el orgullo de sus padres; destacó entre los mejor de su generación, al crecer fue él quien tomó las riendas de la empresa familiar.

Todo lo contrario, pasó con Fabian. De manera jocosa el abuelo Pedro comenta que las canas y arrugas que  tiene se las sacó él. Al igual que su hermano destacaba, pero entre los peores de su generación. Fue rebelde, voluntarioso, caprichoso, terco cualidades lo que metieron en problemas, y lo llevaron a caer en las drogas, trayendo vergüenza y tristeza al corazón de sus padres, en especial a Raquel, quien aún en la agonía de su muerte no dejaba de lamentarse por su hijo.

En los hijos del abuelo Pedro vemos reflejado lo dicho por el rey salomón en proverbios 10: 1

El hijo sabio alegra al padre,

Pero el hijo necio es tristeza de su madre

Ciertamente los hijos sabios son orgullo de sus Padre. Cristo, el unigénito hijo de Dios es el mejor ejemplo de ello, de Él el Padre dijo: “este es mi hijo amado en quien tengo complacencia” (Mateo 3.17) Cristo es perfecto no ha hecho, ni hará cosa alguna que pueda ofender y entristecer el corazón de Dios Padre.

Nosotros como hijos adoptivos de Dios ciertamente nos comportamos como hijos insensatos, no hay en nosotros motivo alguno por el cual el padre se sienta complacido. Frecuentemente ofendemos a Dios con nuestro pecado. Si la salvación dependiera de nuestras obras no habría motivo alguno por el cual Dios debiera salvarnos.

La salvación es una obra completa de Dios por medio de Cristo, quien con su sangre limpió nuestros pecados, y nos regla su santidad de tal forma que cuando el Padre nos ve, ve a Cristo reflejado en nosotros. Como el padre ama a Cristo y se regocija profundamente en Él, al verlo reflejado en nosotros no puede hacer más que gozarse y recibirnos en la gloria eterna.

Sólo por medio de Cristo podemos ser hijos sensatos que complazcan al Padre, aunque humanamente debemos esforzarnos por agradar a Dios, así en nuestras fuerzas no podamos lograrlo.

Foto Internet 

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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