El trigo y la Cizaña

¿Eres trigo o cizaña?

Edward Diaz

Un sábado en la mañana el teléfono de Esteban no paraba de sonar. El timbre despertó a todos en casa, menos al mismo Esteban, tenía un sueño bastante pesado. Cada mañana ponía de tres a cuatro alarmas para poder despertarse, pero el truco no le funcionaba. Sara, su esposa, tenía sueño liviano. Ella despertaba al escuchar la primera de las alarmas y dedicaba la primera media hora del día a tratar de despertar a su esposo.  Luego de varios intentos fallidos y estresada por las constantes alarmes, despertaba a su amado con cantaleta.

—Un día de estos te echaré un balde de agua para que despiertes rápido. – decía la mujer cada mañana, pero nunca lo hacía.

—Cálmate mujer, ya desperté – contestaba Esteban.

Aquel sábado Sara fue la primera que despertó al escuchar el celular de su esposo. Por media hora los buscó para contestarlo, mientras al tiempo trataba de despertar a su amado, quine dormía plácidamente. Uno a uno aron los demás miembros de la familia, despertados por el sonido insistente del teléfono.  Entre todos voltearon la habitación al revés tratando de hallar el aparato, más no lo encontraron. Final mente Esteban despertó, se sorprendió al ver a la familia reunida en su habitación, mas antes de que pudiera formular una pregunta el teléfono volvió a sonar, él lo sacó de debajo de la almohada y contestó ante la mirada atónita de la familia, pues a ninguno se le había ocurrido buscar en ese lugar.

Quien llamaba con tanta urgencia era el pastor Juan. En cuanto Esteban colgó se vistió y salió sin dar mayores explicaciones, dejando a la familia con la intriga. Tardó cerca de cinco horas en regresar, cuando lo hizo lucía exhausto y compungido. Todos hicieron muchas preguntas, más él se negó responder mayoría, incluso se fue a dormir con probar bocado.

Lo que ocurría debía ser algo muy grave. En doce años de matrimonio Sara jamás lo había visto irse a dormir sin probar alimento, ni siquiera cuando la empresa atravesó aquella crisis que casi los lleva a la bancarrota.

Mientras todos especulaban en la sala sobre la actitud de Esteban y lo que ocurrió, El abuelo Pedro subió a la habitación de su hijo en busca de respuestas, encontró a su hijo pasando las paginas de las escrituras como si buscara algo

 

—¿Qué haces? —preguntó Pedro

—Busco respuestas —respondió Esteban sin levantar le rostro.

 

Antes de que Esteban llegar a casa una tormenta había iniciado. Cuando Pedro y su hijo conversaban un rayo iluminó la habitación permitiendo que el anciano viera el rostro en lagrimas de Esteban.

—Lo que sea que pasara debe ser terrible, para que te pongas así- dijo Pedro sentándose junto a su hijo.

—Es triste lo que pasó papá.

—Cuéntame, te garantizo que no diré nada, y quizás así te sentirás mejor.

—¿Recuerdas la historia del trigo y cizaña?

—Sí, claro está en el evangelio de Mateo, capítulo 13, versículos 24 al 29.

—Bien déjame te leo: “la siguiente es otra historia que contó Jesús: «el reino del cielo es como un agricultor que sembró buena semilla en su campo. pero aquella noche, mientras los trabajadores dormían, vino su enemigo, sembró hierbas malas entre el trigo y se escabulló. Cuando el cultivo comenzó a crecer y a producir granos, la maleza también creció. Los empleados del agricultor fueron a hablar con él y le dijeron: “Señor, el campo donde usted sembró la buena semilla está lleno de maleza. ¿De dónde salió?. ¡Eso es obra de un enemigo, exclamó el agricultor.

¿Arrancamos la maleza?, le preguntaron.

No, contestó el amo, si lo hacen, también arrancarán el trigo. Dejen que ambas crezcan juntas hasta la cosecha. Entonces les diré a los cosechadores que separen la maleza, la aten en manojos y la quemen, y que pongan el trigo en el granero”.

—Es una excelente parábola, pero ¿Qué tiene que ver con lo que está pasando?

—Papá, no debo decirte eso, pero prométeme que no le dirás a nadie hasta que el pastor Juan haga la denuncia pública delante de la iglesia.

—Está bien, te lo prometo.

—Se trata de Juan Carlos, mi amigo desde hace más de quince años.

—¿Qué pasa con él?

—Su esposa Camila llamó al pastor Juan por que no sabe que hacer, este hombre esta en rebeldía contra el Señor. Después de 20 años de vida  cristiana,  una mañana le dijo a su esposa que no volvería a la iglesia porque no estaba seguro de que esta fuera la verdad y hoy en la mañana le dijo a su esposa que no quería que ella y sus hijos volvieran a las congregación. Camila también nos contó que desde hace unas semanas lo ha visto compartiendo mucho con unos vecinos que pertenecen a una nueva secta religiosa y cree que son ellos los que le han sembrado las dudas. Ella ha tratado de hacerlo entrar en razón, pero ha sido inútil, no quiere escucharla. El pastor Juan quedó de conversar con él para tratar de persuadirlo.  Solo queda esperar y ver que el Señor lo convenza por medio del Pastor.

—Entonces por eso estas tan acongojado —dijo Pedro mientras pasaba su mano por la espalda de Esteban en  señal de consuelo.

—Juan Carlos ha sido un amigo incondicional, ha estado conmigo en los momentos que lo he necesitado. Me duele lo que le está pasando, pero me duele más ver la ingratitud con el Señor.  Él ha recibido grandes bendiciones de Dios, y aún así sale con esas.

—Bueno hijo, por naturaleza, los hombre somos mal agradecidos con Dios y respecto a tu amigo… La parábola que leíste es clara, junto con el trigo que son los hijos de Dios, crece también la cizaña, que representa a los hijos de Satanás, aquellos que  por un tiempo caminan con los creyentes y un día se apartan para no volver, o a quienes quizás toda la vida se disfrazaron de cristianos, caminaron con los creyentes, pero su corazón jamás perteneció a Cristo. A estos último quizás núnca los identifiquemos, pero cuando Cristo regrese los expondrá y junto con los que abiertamente se revelaron serán lanzados al lago de fuego. Ahora ellos puedan engañarnos y disfrutar los beneficios del evangelio, pero el Señor se asegurará de que no entren al reino eterno que ha sido reservado solo a los hijos de Dios, los verdaderos creyentes, a quienes Cristo redimió de sus pecados.

Y respecto a tu amigo no te angusties, ora por él, si es un hijo de Dios esto será algo pasajero y  regresará a los pies de Cristo pidiendo perdón.

—¿Y si no es algo pasajero?

—Bueno, en ese caso tendremos que aceptar la voluntad de Dios, aunque duela.— contestó Pedro mientras le daba un consolador abrazo a Esteban

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