Las riquezas que no acarrean problemas

La bendición está sobre el corazón del creyente.

—“No te preocupes, nadie tiene que saberlo” —Le dijo Carlos al abuelo Pedro 40 años atrás, para convencerlo de ingresar a un negocio que prometía excelentes réditos, en muy poco tiempo. Como buen comunicador y vendedor, Carlos logró que Pedro se proyectará viviendo una vida de ensueño con las ganancias de la inversión. Por poco, el entonces corazón codicioso del abuelo, lo hace cometer el peor error de su vida.

Pero el Señor es bueno, y muchas veces guarda a sus hijos de seguir los deseos pecaminosos de su corazón. El día que Pedro entraría al negocio se accidentó, y el dinero destinado para invertir, fue usado para cubrir los gastos del hospital.  Al terminar su recuperación se encontró de nuevo con Carlos. El brillo que había en sus ojos, y el hambre de éxito se habían ido, igual que la empresa en la que había invertido todo su capital, misma en la que invertiría el abuelo. La empresa había resultado ser una pirámide que se escapó con el dinero de muchos ambiciosos, entre ellos Carlos, quien, con el ánimo de ganar más, había vendido su casa y el carro, con la esperanza de duplicar la inversión al siguiente mes.

El dueño de la empresa fue el único que se hizo realmente rico, sin embargo, se había convertido en el hombre más perseguido del país. No podía disfrutar su dinero con tranquilidad. Tenía que vivir escondiéndose, y usar el dinero robado para cambiar su identidad, comprar jueces, políticos, pagar abogados, y silenciar testigos. Todo lo cual fue inútil. Su esposa e hijos lo abandonaron, al igual que el resto de su familia y algunos amigos. Finalmente cayó preso.

Por su parte Pedro, después de este incidente, logró convertirse en un hombre realmente rico, en muchos aspectos. ¿Cómo lo logró? Enfocándose en servir a Cristo, aun con su empresa. Puso en práctica 1Corintios10:31 “ya sea que comas, o bebas, o que hagas cualquier otra cosa, hazlo todo para la gloria de Dios”. Como resultado fue bendecido en muchas áreas de su vida. Su familia fue próspera, su empresa creció y sus amistades se incrementaron.

En el abuelo se cumplió lo dicho por Proverbios 10: 22 “La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella”. Cuando te enfocas en vivir para Cristo y en hacer las cosas para su gloria, la bendición de Dios estará sobre tu cabeza. La riqueza será un efecto colateral que no traerá tristeza, a diferencia de lo que ocurrió con Carlos y el dueño de la empresa.

Mi estimado lector, conviértase a Cristo de todo su corazón, y la bendición reposará sobre usted y su familia, como ocurrió al abuelo.

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
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