LOS CONVIDADOS A LA BODA

¿Hay motivos para que te sientas orgulloso de ti mismo?

Edward Diaz

Desde temprano se sentía revuelo en el barrio por le matrimonio de Francisco y Laura, ambos miembros de unas de las Familias más prestigiosas de la comunidad. Doña Eulalia, la más peligrosa de la ciudad, una pobre mujer cuyo pasatiempo favorito era comer prójimo, regó el chisme que el apresurado matrimonio era porque Laura estaba embarazada y querían ocultarlo.

Aquel fue un noviazgo fugas. Se conocieron en enero y se casaron en agosto. Ambos se sentían a gusto el uno con el otro y decidieron irse a vivir juntos para probar. Las familias, por guardar las apariencias los convencieron de casarse. La boda prometía ser el evento del siglo. Todo el mundo hablaba de ella. Se rumoraba que el presidente y varios de sus ministros asistirían, nadie se la quería perder para poder estar cerca del primer mandatario. El día del matrimonio todos, desde muy temprano, estaban la expectativa del arribo del señor presidente y su comit

—Este matrimonio me tiene hasta la coronilla —dijo el abuelo Pedro a su nieto Pablo, al llegar a casa luego de reclamar las medicinas del mes con su amada Nohora, a quien aún no declaraba sus sentimientos -Si al dichoso evento no viniera el presidente, como dicen, pasaría sin pena ni gloria. Pero todos se mueren por ocupar los lugares de honor con tal del estar cerca de aquel hombre al que este pueblo Idolatra como si fuera el mesías.

—¿Por qué te enfada tanto abuelo?- Preguntó Pablo mientras lo ayudaba a subir a su habitación para que descansara.

—No me enfada, solo me molesta un poco ver como el ser humano es capaz de idolatrar a otros hombres y despreciar a Dios. Aquellos que se mueren por estar cerca del presidente no se esmeran igual por glorificar el nombre de Dios.

—Así es el hombre abuelo.

—Tienes toda la razón —Dijo el abuelo sentándose en su cama- sabes viene a mi memoria un parábola que el Jesús  refirió a sus discípulos.  Él había sido invitado a comer por un gobernante que pertenecía a la secta de los fariseos. Al observar como el resto de los invitados se esforzaba por sentarse en los lugares de honor, el Señor les dijo: “cuando te inviten a una fiesta de bodas, no te sientes en el lugar de honor. ¿Qué pasaría si invitaron a alguien más distinguido que tú? El anfitrión vendría y te diría: “cédele tu asiento a esta persona”. Te sentirías avergonzado, y tendrías que sentarte en cualquier otro lugar que haya quedado libre al final de la mesa, más bien, ocupa el lugar más humilde, al final de la mesa. Entonces, cuando el anfitrión te vea, vendrá y te dirá: “¡Amigo, tenemos un lugar mejor para ti!”. Entonces serás honrado delante de todos los demás invitados. Pues aquellos que se exaltan a sí mismos serán humillados, y los que se humillan a sí mismos serán exaltados”.

Todos los que buscan sentarse cerca el al presidente en la boda de Francisco y Laura, lo hacen por que quieren sentirse importantes, o porque su orgullo los invita a demostrar que pertenecen a la crema innata de la sociedad y son superiores a otros.

Quienes creemos en el evangelio debemos morir al orgullo y entrar al reino de los cielos por la puerta estrecha y la cabeza agachada ante Dios y los hombres, reconociendo que no tenemos motivos para enorgullecernos: nuestra vida es una montaña de pecado. Todos somos capaces de cometer los actos más despreciables si la misericordia de Dios no nos detiene, por lo cual necesitamos la obra de Cristo para ser limpiados y entrar al reino eterno. Nuestros mayores logros no nos pertenece, fueron posibles porque así lo quiso Dios y nos dotó con tiempo, salud, herramientas y las habilidades necesarias para lograrlo. Así que no hay motivo para sentirnos orgullos y superiores a otros. Antes debemos ser humildes y estar agradecidos con el Señor porque no merecemos la salvación de nuestras almas ni los favores recibidos.

Al terminar la parábola el Jesús se dirigió al anfitrión diciendo: “cuando ofrezcas un almuerzo o des un banquete, no invites a tus amigos, hermanos, parientes y vecinos ricos. Pues ellos también te invitarán a ti, y esa será tu única recompensa. Al contrario, invita al pobre, al lisiado, al cojo y al ciego. Luego, en la resurrección de los justos, Dios te recompensará por invitar a los que no podían devolverte el favor”.

Estas palabras del Maestro son una invitación aponer en práctica la caridad y hospitalidad con los más necesitados, al hacer eso seremos recompensados cuando entremos en el reino eterno. Aclaro que el texto no promete salvación por practicar la generosidad. Es una recompensa diferente que se aplicará al estar en presencia de Dios luego de haber sido encontrados santos y justos gracias a la obra de Cristo que promete salvación para los que creen.

—¡Wao, fuerte mensaje el del Señor abuelo!.

—Él no se callaba, y aprovechaba cualquier ocasión para ilustrar sus mensaje.

—Bueno ahora que llegamos a tu cuarto recuéstate y descansa —Dijo Pablo

—Espero que la algarabía me deje.

 

 

 

 

 

 

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