Nadie pasa de este post, aquí mandan las divinas.

El problema no son los influencers.

Hace poco leía cómo muchos estaban indignados porque una influencer (de la que nunca había escuchado hablar) se compró una camioneta costosa que no pueden comprar muchos profesionales con posgrado. Al mismo tiempo, muchos defendían el carácter hipócrita de criticar a alguien por lo que consigue. El problema de fondo recae en lo consumimos, al menos virtualmente.

Los algoritmos son los que deciden qué vemos, por nuestros intereses, es decir, cada vez que le damos like o compartimos algo, los algoritmos consideran que eso es lo que queremos ver. Si La Segura, nuestra influencer en cuestión, pudo comprar su camioneta es porque hay público que consume lo que produce y por lo que ella obtiene beneficios económicos. No es nada malo, puesto que así funciona el mercado. Quizá el alegato inicial de los abanderados de la razón recae en el tipo de contenidos. Sin embargo, no son estos los que consumen o se interesan por otras fuentes.

Cuando el Boom digital cobró importancia, inicialmente hubo personajes que consiguieron gran fama por su tipo de contenido. De los pocos que recuerdo, porque en mi casa no había internet y yo pasaba más tiempo en la biblioteca municipal, para cuando terminaba la secundaría – es decir, hace casi 10 años – está Julio Ríos o Julio Profe, como se le conoce. Este profesor de matemáticas consiguió reconocimiento de YouTube por dictar clases de matemáticas a través de esta plataforma, dado que sus contenidos se hacían virales por hacer más fácil el entendimiento de las matemáticas.

Cuando un contenido se hace viral, sin importar su tipo de información, los creadores ganan dinero y reconocimiento. Así es como La Segura, La liendra, Las Cardashian, Julio Profe, Faber Burgos llegan a nuestras pantallas. Por la misma época del profesor, empezaron a popularizarse las redes sociales en mi pueblo y recuerdo cómo todos los adolescentes hacíamos una y otra cosa por conseguir aceptación. En principio así funcionan las redes sociales: por aceptación.

Hace poco, también, se popularizó un vídeo de Ana del Castillo que amenazaba a personal médico por no darle ingreso a una clínica diciendo: “con los seguidores que yo tengo, sino me abres, suspenden a la clínica. Ella alegaba que tenía COVID, mientras lo gritaba sin tapabocas. Camila Esguerra, también cantante, “logró” que sus seguidores amenazaran a una usuaria, porque según ella había plagiado sus diseños y poemas. Estas mujeres demuestran ese poder que naturalizaron sólo por ser “populares”, como en el colegio, pero que ahora es a través de redes sociales: nadie pasa de este post, aquí mandan las divinas.

Sin embargo, este poder no es absolutamente malo. Ejemplo de esto es Pipe Q-ida: el youtuber del ambiente. Felipe Henao lleva años comunicando desde Calamar, Guaviare (un pueblo del que seguro nunca han escuchado) por cuidar uno de nuestros paraísos y joyas ambientales: la serranía del Chibiriquete. Así también está Faber Burgos, que lleva un buen tiempo haciendo contenidos. Faber se popularizó el mes pasado por un vídeo muy emotivo que colgó en sus redes: consiguió que una sonda que él construyó llegara al espacio, con una cámara go pro que apuntaba a una fotografía de su familia, mientras en el vídeo explicaba qué iba pasando.

Si en algo estoy de acuerdo, es que no todo el mundo tiene la misma suerte, pero también en que somos una sociedad hipócrita ¿Y por qué somos una sociedad hipócrita? Porque las redes sociales – ni los influencers – son el problema. En YouTube, Instagram, Facebook, TikTok, Twitter, etc., existen muchos creadores de contenidos con información vital, importante, de “valioso entretenimiento”. Y aunque muchos digan que estudiar en Colombia es tan “poco lucrativo” porque el conocimiento no es tenido en cuenta, el problema no son las redes sociales, incluso pienso yo que son parte de la solución. Así lo demuestran Faber, Pipe y Julio que contenido científico, ambiental o académico consiguen transformación de sus audiencias. El problema está en lo consumimos, no en quienes.

Foto: Concepto.de

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