QUIEN NO ATIENDE A LA SABIDURÍA AMA LA MUERTE

¿Escuchas la voz de Cristo o amas la muerte?

¡No puede ser cierto! dijo Pablo a gran voz al concluir su lectura devocional de proverbios 8. Esteban, su padre, quien se había quedado en casa por culpa de una molesta gripa de la que los médicos sospechaban podría ser COVID, escuchó entre sueños las palabras de Pablo.

—¿Qué pasa hijo? —Preguntó Esteban asustado desde el cuarto en el que se había aislado para no contagiar a nadie.

—Nada papá, no te asustes —respondió Pablo desde su cuarto.

—Entonces ¿Por qué gritaste?

—Fue mi reacción al pasaje que estoy leyendo como devocional.

—Entiendo, ¿Quieres que te lo explique?

—Por favor

—Léemelo

—Es proverbio 8 versículos 21 al 36 dice:

Jehová me poseía en el principio,

Ya de antiguo, antes de sus obras.

Eternamente tuve el principado, desde el principio,

Antes de la tierra.

Antes de los abismos fui engendrada;

Antes que fuesen las fuentes de las muchas aguas.

Antes que los montes fuesen formados,

Antes de los collados, ya había sido yo engendrada;

No había aún hecho la tierra, ni los campos,

Ni el principio del polvo del mundo.

Cuando formaba los cielos, allí estaba yo;

Cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo;

Cuando afirmaba los cielos arriba,

Cuando afirmaba las fuentes del abismo;

Cuando ponía al mar su estatuto,

Para que las aguas no traspasasen su mandamiento;

Cuando establecía los fundamentos de la tierra,

Con él estaba yo ordenándolo todo,

Y era su delicia de día en día,

Teniendo solaz delante de él en todo tiempo.

Me regocijo en la parte habitable de su tierra;

Y mis delicias son con los hijos de los hombres.

Ahora, pues, hijos, oídme,

Y bienaventurados los que guardan mis caminos.

Atended el consejo, y sed sabios,

Y no lo menospreciéis.

Bienaventurado el hombre que me escucha,

Velando a mis puertas cada día,

Aguardando a los postes de mis puertas.

Porque el que me halle, hallará la vida,

Y alcanzará el favor de Jehová.

Mas el que peca contra mí, defrauda su alma;

Todos los que me aborrecen aman la muerte.

—¿Qué es lo que no puede ser para ti? -preguntó esteban

—Lo que no puede ser es que diga que quienes no aman la sabiduría aman la muerte. Papá nadie ama la muerte, nadie se quiere morir ¿Cómo puede ser cierto eso que dice el texto?

—Bueno hijo no te concentres nunca en un texto sacándolo de su contexto. Todo el pasaje que leíste esta exaltando la sabiduría la cual es Cristo, quien fue engendrado antes que los montes las aguas y los abismo fueran formados. Cuando la creación se llevó a obras Él estaba con el Padre creándolo todo. Él es el deleite del Padre (Mateo 3:17) y es la vida misma, todo aquel que lo ama guarda sus mandamientos, su consejo, sus caminos (Juan 14:23) y tiene vida eterna.

Pero quien no atiende las palabras de la sabiduría, ni guarda sus mandamientos ama el pecado y por consiguiente la muerte. Aquel hombre, aunque respire y ande, está muerto, no tiene vida y ama la muerte, aunque no sea consciente de ello, porque ama hacer todo lo que lo lleva a la muerte eterna y desprecia a quien le da la vida. De ellos el mismo Cristo dijo: “amaron más las tinieblas que la luz” (Juan 3:19).

Así que no te exaltes hijo porque las escrituras digan que estos hombres aman la muerte, porque en verdad aman estar muertos en delitos y pecados.

Lo que deberías hacer al terminar de leer este texto es gozarte por las excelencias de Cristo y preguntarte si estas escuchando la voz de la sabiduría.

—Al terminar de escuchar a Esteban Pablo calló, y permaneció así el resto del día, reflexionando si en verdad estaba escuchando la voz de la sabiduría.

Edward Andrés Díaz Reina
Comunicador Social y periodista
En Facebook: Edward Diaz
En Twitter: @edwar199
Blog: edwarddiaz199.wordpress.com
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